domingo, 25 de septiembre de 2011

Hoy no quiero escribir
pues si escribiera sería para ti
y si así fuera
escribiría por supuesto
del instante inmutable
los sábados a las cuatro
cuando después de terminar
te recargas sobre mi pecho desnudo
y muerdes cariñoso mi índice
y te ríes de mis cumplidos
como si quisieras salvarnos a ambos
de la seriedad de las cosas
porque conoces mi cara
y cómo
y por qué
y cuándo se mueve
y sabes cómo salvarme del dolor de cabeza
porque no todo es placer para nosotros.

A veces luchamos para evitar que el olvido se convierta en nostalgia
y también evitar que se nos pase la mano con eso de olvidar.

A veces son cosas distintas
que me atormentan
y yo te atormento
y luego me muerdes más fuerte y otra vez la misma historia.

A veces reímos
aunque no todo es placer para nosotros.

A veces hablamos.

Pero somos amigos y si escribo se siente distinto
y luego peleamos. 


Por eso no escribo. 
























domingo, 11 de septiembre de 2011

-¿Y a ti no te da miedo?
-¿Qué cosa? 
-Cuando te das cuenta de que ya no eres capaz de inventar historias, sólo recordarlas. Tienes en la pantalla las trescientas cuartillas de una novela que se alimenta de las memorias de un amor tormentoso, no has llenado más de tres. Pero el espacio en blanco para inventarte una historia nueva, sabes que va a permanecer vacío. Tal vez para siempre. 
-¿Qué? ¿Te duele? 
-Sí. Pero hay otras cosas que me dan más miedo. Me da miedo hablar a un celular y que me desvien la llamada. Me da miedo que me digan te quiero entre dientes. 
-Está sonando el teléfono. 

-Bueno. Ahorita te la paso. 
-Me resulta... inesperado. 
-Bueno, qué rápido te cambia el humor. Me dan ganas de llevarte al psiquiatra. 
-Calla y dame el teléfono. Dejame sonreir tranquila y mientras dure, aprovecha.